Lo sé. En cuatro años, a lo sumo, lo que me resta de vida es menos de lo poco que he vivido. Llego a un cincuenta por ciento de la vida. A un cincuenta por ciento del cieno. Cianótico cieno. Cada paso, es un escalón hacia abajo.
No tengo nada. Mi mundo cabe en un bolsillo. O en mi alma, que a lo sumo es incluso más pequeña.
No construí nada. No me es que me preocupe especialmente. Es así, me guste o no. Como no debe preocuparme que exista el color verde, o que los vientos alíseos sean este año más fuertes. Es objetivamente así, como decir que un pato tiene pico plano. Es sencillamente algo así.
Todas las oportunidades que perdí. Todos los amores que se fueron. Todo lo que no aprendí. Todo lo que no lloré suficientemente. Todos esos recuerdos engarzados en mi alma, como diamantes abrazados por carne que los digiere. Todos esos momentos.
Se ha ido todo. No existe. Ha muerto. Son lágrimas en la lluvia. Son instantes que forman mi vida. Esos instantes sólo son mi vida.
Se me acaba mi tiempo, y aún no comprendo del todo el mensaje. Mi vida es una preparación hacia la muerte. No tengo nada. Todos esos instantes, todos esos amores evaporados. Estoy solo y solo quiero seguir estando.
Detrás de ese recuerdo, Delia.
Continúo mi vida errático. La lleno de saberes, de lecturas, de conversaciones, de películas, de tristezas, de curiosidades, de veladas dipsómanas. La lleno. Todos me hablan, todos se sinceran, todos muestran complicidad. Y no es nada. Porque no soy nada. Nada más que un cincuenta por ciento de una vida optimista.
Demasiado rápido. Se me ha ido demasiado rápido. He procurado amar, ayudar, soñar. No tuve tiempo. Tan rápido... Dios ciñe demasiado nuestros plazos. Quiero morir pero no me dejan... tan rápido...
Habré de aceptar lo que he podido hacer de mi vida en este cincuenta por ciento. He hecho algo bueno... no olvidé que esto era solo un paso para aquello. Orienté toda mi vida a lo que va a venir. Nunca lo olvidé. No me cautivaron ni sus confites, ni sus entretenimientos ni sus fintas. No perdí la visión de hacia dónde se dirige la vida. Sé que todo esto, la vida, sólo era un espectáculo de final limitado.
No amé lo suficiente, no me arriesgué lo suficiente. Nunca viviré lo suficiente.
No tengo nada. Mi mundo cabe en un bolsillo. O en mi alma, que a lo sumo es incluso más pequeña.
No construí nada. No me es que me preocupe especialmente. Es así, me guste o no. Como no debe preocuparme que exista el color verde, o que los vientos alíseos sean este año más fuertes. Es objetivamente así, como decir que un pato tiene pico plano. Es sencillamente algo así.
Todas las oportunidades que perdí. Todos los amores que se fueron. Todo lo que no aprendí. Todo lo que no lloré suficientemente. Todos esos recuerdos engarzados en mi alma, como diamantes abrazados por carne que los digiere. Todos esos momentos.
Se ha ido todo. No existe. Ha muerto. Son lágrimas en la lluvia. Son instantes que forman mi vida. Esos instantes sólo son mi vida.
Se me acaba mi tiempo, y aún no comprendo del todo el mensaje. Mi vida es una preparación hacia la muerte. No tengo nada. Todos esos instantes, todos esos amores evaporados. Estoy solo y solo quiero seguir estando.
Detrás de ese recuerdo, Delia.
Continúo mi vida errático. La lleno de saberes, de lecturas, de conversaciones, de películas, de tristezas, de curiosidades, de veladas dipsómanas. La lleno. Todos me hablan, todos se sinceran, todos muestran complicidad. Y no es nada. Porque no soy nada. Nada más que un cincuenta por ciento de una vida optimista.
Demasiado rápido. Se me ha ido demasiado rápido. He procurado amar, ayudar, soñar. No tuve tiempo. Tan rápido... Dios ciñe demasiado nuestros plazos. Quiero morir pero no me dejan... tan rápido...
Habré de aceptar lo que he podido hacer de mi vida en este cincuenta por ciento. He hecho algo bueno... no olvidé que esto era solo un paso para aquello. Orienté toda mi vida a lo que va a venir. Nunca lo olvidé. No me cautivaron ni sus confites, ni sus entretenimientos ni sus fintas. No perdí la visión de hacia dónde se dirige la vida. Sé que todo esto, la vida, sólo era un espectáculo de final limitado.
No amé lo suficiente, no me arriesgué lo suficiente. Nunca viviré lo suficiente.
1 comentarios:
debe ser el tiempo
o el cansancio
no se
beso
http://adelablog.blogspot.com/2009/10/conozco-todos-mis-reinos.html
Publicar un comentario en la entrada